lunes, 17 de octubre de 2011

Día Treinta y tres: Pero ¿cuántos Goethes...?

Sí; existen varios Goethes. Hay un Goethe magnífico que nos deja una descripción incomparable de su Viaje a Italia. La lectura del mismo me pareció el relato de un explorador, al menos durante sus recorridos por Sicilia. Todo lo anota y lo cuenta meticulosamente pero con sencillez, sin metáforas, con todo detalle y con absoluta sorpresa:
     "Aunque el viaje parece  reflejado en todo su transcurso y se presenta en la imaginación como una narración ininterrumpida, uno tiene la sensación de que el relato auténtico es imposible. (...) ¿Cómo la mente de un tercero podrá formarse una idea de conjunto?"
     Si tenemos en cuenta que realizaba también dibujos de todo aquello que más le iba sorprendiendo, podemos intuir su total disposición para llegar a interesar al lector. Y lo consiguió:
     "Un trabajo de esta índole (escribir un libro) en realidad nunca termina, hay que declararlo concluido cuando ya se ha hecho todo lo posible en base al tiempo disponible y las circunstancias". ¡Meticuloso Goethe!

     Mas indaguemos en su carácter, que algo debía tener de impulsivo y autoritario cuando deja escrito los siguiente:
     "...desde joven odiaba la anarquía más que la misma muerte"
     "...el ser humano que quiere el bien debe ser tan activo y comportarse de un modo tan enérgico contra los demás como el egoísta, el mezquino y el malo"

     O sobre su introversión, su goce de lo interior, de su mundo íntimo:
     "Estoy ahora tan alejado del mundo y de lo mundano que me resulta muy extraño leer un periódico. El aspecto externo de este mundo es transitorio, y yo sólo quiero dedicarme a lo duradero"
     "...consiguieron de mí que me relacionase socialmente, más de lo que yo hubiera querido, pese a mi terco deseo de soledad"
     "Ahora me será dado gozar de una auténtica soledad, por la que tan a menudo he suspirado con nostalgia"
     Soledad, algo que para otros resulta ser una agonía, una aflicción, es todo lo que busca Goethe a sus treinta y ocho años.

     ¿Acerca de su vitalidad? ¿Qué más explícito que este pensamiento citado en su autobiografía de juventud Poesía y verdad?:
     "Nuestros deseos son presentimientos de las capacidades que hay latentes en nosotros, anuncios de lo que en el futuro estaremos en situación de realizar"

     Y, al tiempo, algún rasgo de pesimismo sobre el hombre. "Vous êtes un homme!", fue lo que le dijo Napoleón en su encuentro:
     "No importa las vueltas que dé el hombre ni lo que emprenda, siempre regresará al camino que la naturaleza determinó para él"
     "...cada hombre es conducido y extraviado a su manera"
     "...al final el hombre siempre depende únicamente de sí mismo"

     De su considerada por algunos enigmática novela Las afinidades electivas yo introduje en mi morral durante su lectura las siguientes aserciones que fueron apareciendo bien en boca del narrador o de los protagonistas:
     "He visto como las cosas más razonables fracasaban y las más descabelladas tenían éxito"
     "Todas las empresas están en manos del azar"
     "...lo extraordinario no ocurre por caminos llanos y expeditos"
     "...en este mundo todo depende de una buena ocurrencia o de una firme decisión"
     "...por lo general las cosas de las que nos alegramos con mucha antelación nunca ocurren"
     "Las dificultades aumentan cuanto más nos acercamos a la meta"
     "El destino va cumpliendo nuestros deseos, pero lo hace a su manera..."
     Aunque de su lectura pueda desprenderse un patente carácter fatalista del autor (el azar, el destino, la fatalidad...), hay que tener en cuenta  sin embargo que Goethe escribió esta novela en la última parte de su vida, precisamente en una de sus estancias en Karlsbad -hoy Karlovy Vary en la República Checa-, en su balneario, al que acudía frecuentemente desde su asentamiento en Weimar.
     Más adelante confesará que para sentir el anhelo de escribir tenía que confinarse en un cuarto modesto, pobremente amueblado; hacerse la ilusión del poeta pobre en su buhardilla. La verdad es que muy pocas veces había "saboreado aquel alimento de los héroes" del que ya hemos hablado; quizás exclusivamente cuando desesperado por su frustado e imposible amor por Carlota Buff se pone a escribir el Werther. Escuchemos de nuevo a Borges: "Un escritor debe pensar que cuanto le ocurre es un instrumento; todas las cosas le han sido dadas para un fin. Todo lo que le pasa, incluso las humillaciones, los bochornos, las desventuras, todo eso le ha sido dado como arcilla, como material para su arte; tiene que aprovecharlo". Indudablemente estaba entonces viviendo realmente "las desventuras del joven Goethe" las cuales le habían sido dadas como un material magnífico para su arte.

* * *

     Delante de la fachada del teatro de Weimar existe hoy un pedestal sobre el que, en bronce, se puede contemplar algo que no es hoy habitualmente muy común: dos figuras. Goethe aparece acompañado a su izquierda por Schiller y ambos sujetan en el centro con sus manos una única corona de laurel. No sé si a Goethe le hubiera gustado que le recordaran compartiendo tan manifiestamente su gloria con otra persona, pero los vericuetos del tiempo, la política, los gustos y las modas tienen rumbos y destinos insospechados.
     "No hay que compararse con los demás artistas, sino proceder cada uno a su manera, pues la naturaleza se ha preocupado por igual de todos sus hijos, y la existencia del más excelente no amenaza la del más limitado". ¿Lo sentiría de verdad así?

     A diferencia de las vidas paralelas plutarqueñas, las vidas de Goethe y Schiller yo diría que fueron perpendiculares; pero además en un mismo espacio y en un tiempo común, allí en Weimar, en el hoy estado confederado de Turingia, y tan sólo de 1794 a 1806.
     Pero todo ello es tan sugestivo que merecerá la pena sumergirnos enteramente otro día en esa apasionante relación.
     Finalizo hoy con una sentencia fácil de recordar de nuestro héroe, y que parece que con ella pretendió quitarse méritos a sí mismo:

"El genio es una larga paciencia"
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