martes, 8 de marzo de 2011

Día Ocho: Dostoievski versus Freud

 
Contaba Freud veinticinco años cuando fallecía Dostoievski. ¿Que por qué razón traigo hoy aquí, junto al padre de la novela psicológica, al padre de la psiquiatría? Pues no sólo porque pienso que ambos tenían ese nexo de lo psíquico en común sino por más razones. Por ejemplo, ambos dejaron escrito en su juventud algo muy parecido: 

«...el hombre es un enigma (...) yo me ocupo de este enigma porque deseo ser hombre». Dostoievski
«...se convirtió en predominante en mí la exigencia de comprender en cierta medida los enigmas del mundo que nos rodea». Freud
¡Enigmas! Siempre he contemplado a estos dos hombres como dos almas complementarias. Freud, al igual que Dostoievski no quiso dejarnos diarios: «He destruido todos mis diarios íntimos. ¡Que se lamenten los biógrafos! No tengo ningún deseo de hacerles la tarea fácil; cada uno de ellos tendrá razón, en su manera personal, de explicar la vida del héroe». Sabemos que Freud, al igual que aquel, recogía los datos a partir de su propia experiencia. Se diría que el primero puso en marcha la máquina del psicoanálisis en la que Dostoievski, sin darse cuenta, había estado profundizando interiorizadamente.
Pero un punto trascendental, creo yo, es conocer las razones que llevaron al padre de la psiquiatría a definir a Dostoievski como un ejemplo claro en el que se había dado el complejo edípico sin haberlo superado. No fue únicamente la lectura de Los hermanos Karamázov y el estudio de los personajes que allí se describen, junto con sus actuaciones, las que llevaron a Freud a esa conclusión. Es verdad que los biógrafos del autor han descrito al padre de Dostoievski como un tipo raro, violento, iracundo y tiránico además de avaro, y que en la novela él mismo retrata a Fiódor Pávlovich Karamázov como «un tipo raro, (...) ruin y disoluto, (...) torpe, (...) amigo de comer en mesa ajena, (...) empeñado en hacer vida de gorrón, (...) torpemente insensato (...) un insignificante "maula", (...) bufón maligno. (...) hombre en extremo lujurioso» el cual, además, llevaba «a su casa, estando en ella la esposa, otras mujeres, y allí se organizaban orgías». También es muy cierto que en  la novela sucede que  es Iván el único responsable ideológico, y principal culpable del asesinato de su padre por Peter Smerdiakov (que sufre como Dostoievski ataques epilépticos), y que es Iván, también como Dostoievski, el segundo hijo. Son realmente significativas las coincidencias entre el personaje Iván y el autor de la novela.
 Sin embargo se da la circunstancia de que antes de aparecer publicado el ensayo de Freud Dostoievski y el parricidio, tuvo el mismo Freud conocimiento de un breve estudio sobre la personalidad y creatividad de Dostoievski publicado en una revista por el alemán Jolan Neufeld. En aquel estudio se terminaba diciendo: «Cuando estudiamos la vida de este gran escritor a la luz del psicoanálisis, comprobamos que su carácter, formado bajo la influencia de la relación con sus padres, su vida y su destino dependieron totalmente de su complejo de Edipo y fueron determinados por éste»(1)
Recientemente, en su magnífica obra titulada Dostoievski y el proceso de la creación literaria, Jacques Catteau asegura textualmente que «Freud tomó y aceptó las conclusiones de Neufeld y las expuso en su famoso ensayo Dostoievski y el parricidio», en el que identifica plenamente a Dostoievski como una persona que no logró nunca superar el mencionado complejo. No obstante Catteau hace también un especial comentario: «Este estudio puede dar una idea de la utilización del uso del psicoanálisis para clasificar algunos protagonistas de sus novelas, pero puede dificilmente deducirse que estos personajes representen a su creador (...) es muy arriesgado psicoanalizar a un autor muerto».
  No sé que pensar. Hasta la saciedad se ha dicho que se escribe siempre sobre uno mismo, y, hasta Neufeld aseguraba que un escritor no puede describir o representar otra cosa que sus propios conflictos subconscientes.
* * *
Ya hemos hablado de la admiración de Freud por la obra Los hermanos Karamázov, la cual consideraba «la novela más acabada que jamás se haya escrito»; tan sólo nos falta señalar que para él Dostoievski estaba literariamente tan sólo a unos pasos por detrás de Shakespeare.
Pero hay más: Sigmund Freud fue también un gran escritor, y aunque lo suyo no era la novela llegó a ser propuesto como candidato al Premio Nobel de Literatura; yo me atrevería a decir que Freud escribía como los ángeles —si es que los ángeles supieran escribir. Nos consta, además, que era un lector ávido de toda clase de lectura, incluso de novela policíaca. En La vida cotidiana de Sigmund Freud y su familia(2), una obra amable que recomiendo leer y que fue escrita a través de los recuerdos de una sirvienta singular de los Freud llamada Paula tras ocho años de entrevistas con el autor, confiesa ella que «a Freud le gustaba la literatura policíaca; leía a varios autores ingleses de ese género, entre ellos Sherlock Holmes y Agata Christie». Recuerda su sirvienta a propósito de ello que el profesor predecía casi siempre quién era el asesino, pero si resultaba que era otro se enfadaba.
Pero decíamos que Freud escribiendo era impecable; y esa es la palabra. ¡Da gusto descubrir a un autor! Uno de los que nos descubrió a Freud como escritor fue Ortega y Gasset. Si Nietzsche antes de escribir su Genealogía de la moral quedó fascinado por el novelista ruso —«Salvo Stendhal nadie me ha proporcionado tanto placer y sorpresa» a Ortega le sucedió algo similar en cuanto a Freud. En el prologo a la primera edición de sus obras completas dejó escritas cosas tales como: «la claridad no exenta de elegancia con que Freud expone su pensamiento, ... todo el mundo puede entender a Freud ... su lenguaje va guiado por principios artísticos: limitación rigurosa a las palabras esenciales; una cierta levedad etérea, una gracia que desdeña el énfasis y los superlativos; la conservación de la lógica inherente a nuestra cultura; la huida de las metáforas y adornos; el equilibrio entre la objetividad científica y la humana subjetividad; el yo del autor se transparenta siempre a través de la honestidad de la exposición ... una de las cosas que nadie le ha discutido a Freud es su excelente estilo. Freud es uno de los grandes escritores de nuestro tiempo».

Hoy he elegido terminar con algo curioso sacado de mi zurrón, que Freud dejó escrito en su obra Los caminos de la terapia psicoanalítica y que a mí personalmente me sorprendió; hace allí referencia a un ensayo titulado El arte de llegar a ser un escritor original en tres días firmado por un doctor de Budapest, sobre el cual cuenta Freud que terminaba con el siguiente texto:
«Voy a exponer ahora el método prometido. Tomad unos cuantos pliegos de papel y escribid durante tres días, sin falsedad ni hipocresía, todo lo que se os ocurra. Escribid lo que pensáis de vosotros mismos, de vuestras mujeres, de la guerra contra los turcos, de Goethe, del proceso criminal de Folk, del juicio final, de vuestros superiores, y al cabo de los tres días quedaréis maravillados ante la serie de ideas originales e inauditas que han acudido a vuestro pensamiento. Tal es el arte de llegar a ser en tres días un escritor original».
No es probable que el gran estilo de Freud que Ortega señalaba se debiera a haber seguido los consejos de aquel doctor húngaro.
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(1) Vygotsky, Lev: Psicología del arte
   (2) Grimbert, Philippe